sábado, 6 de enero de 2024

Momentos Déjà vu



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Al iniciar un nuevo año se genera la sensación de que es un nuevo ciclo. Las festividades dan la sensación de renovación. Quizá porque irrumpen los tiempos del trabajo y nos invitan a la socialización. Siento que empiezan a inundarnos "los propósitos del año". Cuando me preguntan sobre esto, pienso que quiero estar tranquila. 

Creo que la lista de própositos es una herramienta valiosa. Puede ser una guía para motivar y desplegar una serie de  compromisos. Sin embargo, más allá del "próposito", me pregunto por la disposición que quiero que me acompañe en el proceso. Aunque cualquier emprendimiento genera sus mareas emocionales, me pregunto si nos damos cuenta que en ocasiones nos acompaña más la sensación de que nunca es suficiente y de que nos proponemos una lista de cosas con la intención de más y más de algo. El punto con esta mirada es que podemos estar perdiendo la perspectiva de nuestro proceso, de nuestros ritmos.

Si llegase a pasar esto, me gustaría que tuvieramos momentos "Déjà vu" en el que reflexionemos que estamos cayendo en la acumulación de propósitos y observemos qué sensaciones son las que nos acompañan. Ese momento, podría ayudarnos a preguntarnos en qué tipo de trama es en la que estamos participando.
 

lunes, 19 de junio de 2023

Vivir con ruido

Silhouette & Minimalist stuff

Hace un tiempo cambié de residencia. En esta transición, un día sentí ruido del ambiente cerca al tímpano de mis oídos. Ese día no podía hacer otra cosa que escuchar sonidos discordantes. Era apabullante el paso de los carros, las motos… “vibraciones cotidianas de una ciudad”. Me pregunté cómo había vivido los otros días de mi vida. Pregunté a algunas personas si podían escuchar el ruido. Ellas me decían que siempre había estado, que “era normal” y me lanzaban unas cuantas sonrisas de que estaba exagerando un poco.

Sin duda el ruido siempre ha estado, pero ese día tuve un cambio de percepción. Ese día intenté hacer muchas cosas para dejar de sentirlo. Revisar las ventanas de mi apartamento y comprar algunos objetos que ayudan a contenerlo y disiparlo. Gradualmente logré una adaptación sensorial. Pero la experiencia de esa tarde ha quedado calada en mi memoria con preguntas sobre la costumbre de vivir con ruido.

Si bien ese ruido sensorial es cotidiano, no es el único ruido que nos acompaña ¿Qué tipo de ruidos nos habitan? ¡Hay tanto ruido que consume la vida! Por ejemplo, puede ser un recordatorio de que no hemos estado firme con nuestros propósitos, una especie de silbido de la huida de nosotros mismos a través de ideas y tareas de los demás. Vienen de afuera y nos eclipsan. También nos puede generar una especie de aturdimiento en el que la mayoría de las personas ya están habituadas.

La experiencia de darnos cuenta del ruido puede ser electrizante. Puede dejarnos un tiempo con una alta hipersensibilidad. Es tal, que quizá solo vamos a querer hablar del ruido. Percibir ruido de esta magnitud puede ser lo que Vivian Gornick ha mencionado como “sentirnos escindidos por dentro”. Esta división nos puede paralizar, pero también nos puede estar llamando a actuar más consciente y deliberadamente. Siguiendo las ideas de Gornick puede ser una supernova de sueños, de la necesidad de la fuerza interior. Algo así como una invitación sensorial para vivir para nosotros. 

lunes, 10 de abril de 2023

Gente que corre

 

Me encanta ver a la gente que corre en los parques. Hay muchas formas de correr. Al verlos siento que corren de una forma en la que transmiten un aire de ligereza. Aunque desconozco sus motivos, supongo que decidieron hacer una pausa y tener un tiempo para sí mismos. También creo que no todos los contextos facilitan que podamos ejercitarnos. Aún así la gente que corre en los parques y al aire libre me transmite un aire de serenidad.

Antes no me fijaba tanto en ellas porque era esa clase de persona que estaba corriendo frenéticamente en la vida. De hecho, me sumergía en maratones de trabajo en las noches y los fines de semana. Eran esos momentos que me rendía para terminar las tareas pendientes y en las que podía avanzar en los próximos compromisos. Por alguna razón atribuía una cualidad al trabajar y trabajar sin descanso. Sin darme cuenta, los momentos de pausa era para "recuperar el sueño" y la energía suficiente para seguir trabajando.

Ahora intento no correr frenéticamente. La sensación inicial fue sentirme abrumada. Me di cuenta que estaba tratando de terminar una lista de interminables pendientes, y que tenía poco tiempo para mirar a los otros, para mirarme y para conversar genuinamente. Cuando empecé a bajar la velocidad sentí que otros también transitan la vida aceleradamente. Algunas personas me esquivaban y saltaban. Todo sea para no perder su celeridad.

En estos momentos diría que intento andar en armonía. Es algo así como realizar una marcha en la que puedo contemplar. No creo que deje de correr. Pero si creo que hay muchas maneras de mantener un buen ritmo. Por ejemplo, en esa marcha constante quiero recordar que cada espacio de trabajo puede ser una invitación para la creatividad, para aprender y para la amistad.

Me entusiasma la idea de ser de la gente que corre a buen ritmo. En un punto justo para no perderse de la vida. Del "sabor" de los instantes. Espero hacer del correr una experiencia, esa en la que ingresas a un territorio de cuidado y de contemplación. 

viernes, 9 de diciembre de 2022

Palabra bonita


Al recorrer una librería encontré un libro que se llama La palabra bonita. Ese titulo ha quedado resonando. A veces con preguntas ¿Qué es una palabra bonita? ¿Qué palabras son bonitas para mí? En otras ocasiones recorro laberintos mentales con reflexiones sobre el adjetivo. En particular, sobre la facilidad en la que se cuela en nuestros discursos y hasta la sensación de que es mejor no usarlo por ser un lugar común. 

Lo que creo ahora es que ese título me habla del cuidado y de una estética en el que el lenguaje nos nutre con suavidad, ingenio y valentía. Imaginé todas las cosas que quería acompañar con el adjetivo "bonito" y "bonita". De todas los vocablos y asociaciones que flotaron, me quedé cautivada con querer bonito

Querer bonito me empapó de cierto entusiasmo en el que se unían otros estados como amar y aceptar. También aparecían palabras como voluntad y determinación. Así, "bonito" me lleva al espíritu del "querer". Allí encuentro la sensación de una piel sensible que conversa sobre el cuidado, la ternura y del lugar de la compañía que apacigua el agitado camino de la vida.

Siendo así, quiero tener presente este adjetivo que me transporta a lo que está velado y presente. Al vacío del sentido  y a la posibilidad de recuperarlo. Espero encontrar palabras, experiencias y disposiciones para acompañarlas de manera "bonita". Estoy atenta a sus propuestas de combinaciones. 

domingo, 9 de octubre de 2022

Momentos alcachofa



El punto de comer alcachofa es llegar a su corazón. También quitar cada una de sus hojas y saborear sus puntas con aceite de oliva, sal y limón. En ocasiones pienso que dar sentido a las experiencias es como consumir esta planta. Vas quitando capas y capas, de aquellas hojas en forma de escamas. Pero no es solo quitar. También se requiere deleitar, contemplar, reflexionar. Acompañar la experiencia con una buena dosis de conversaciones en la que estamos dispuestos a mirar desde otros ángulos nuestros relatos. 

En la suma de conversaciones  se presentan realidades ignoradas, se avivan los contrastes, se acentúan los sabores de la vida. Cada conversación que te permite explorar tus recuerdos, evocar palabras y preguntas es como el momento en que quitas hoja por hoja de la alcachofa. No sé cuantas hojas tengan nuestras penas, aventuras o tensiones. Pero pensar en momentos alcachofa me hace pensar que puedo llegar al centro de algo, al corazón de algo que enriquece, que complejiza y le da un toque amoroso a la existencia.

El modo en que relatamos y traemos nuestros recuerdos a través de la palabra nos puede envolver con una incisiva y lucida visión. La alcachofa se acaba pero al llegar a su corazón creo que seguirá obrando la vibración de las palabras, que desde la intimidad nos ha despertado. Esta ardua tarea de darnos el espacio para quitar y comer hoja por hoja de las capas de las situaciones que nos inquietan, nos abre desde sus rupturas puertas para la "evocación".

domingo, 14 de agosto de 2022

La lleva

 


Recuerdo un juego de infancia en el que alguien era escogido al azar para tener la "lleva". El jugador con "la lleva" debía perseguir a los otros para tocarlos y liberarse. Así, "la lleva" pasa a otra persona. Con el juego corres, ganas destreza y unas cuantas risas. Ahora me preguntó si todavía seguimos jugando a la lleva en el mundo de los adultos. Vamos deprisa, sin pausas. Solo que no nos reímos tanto y nos podemos incluso ver un poco agotados de correr detrás de los otros. 

Me imaginaba el día a día de camino al trabajo en el que por el azar de las circunstancias he tenido algún disgusto. Alguien me choca, alguien me dice algo que me incomoda. Entonces, me ha pegado "la lleva" y sigo el camino. Ahora soy la que choca. 

También hay otro tipo de "llevas". Aquellas en la que sientes que has tenido un buen día. Como cuando alguien te saluda de manera amable, dice tu nombre, te pregunta algo, recuerda algo tuyo. Hace una pausa para hablar o comentar algo de forma amistosa. 

Tal vez, en algún momento hemos tenido "la lleva". Cada quien puede recordar ese día ¿Nos damos cuenta cuando tenemos "la lleva"? ¿Qué tipo de "lleva" traemos? ¿Cómo nos liberamos de "las llevas" que nos meten en un carril de alta velocidad y en la que damos rebotes constantemente? En esas llevas ojalá podamos liberarnos y decir: ¡uy! no. Ya no juego más.

miércoles, 20 de julio de 2022

Chispas de vida



Hay un episodio de estos días que me llevó a pensar en el poder de la “chispa”. Un día en la noche, el carro de un amigo se quedó sin batería. Buscamos ayuda y encontramos un taxista que, aunque no tenía los cables adecuados, se ofreció a cargar la batería con dos llaves de tornillo. Me imaginaba que se debían conectar las baterías de los carros por un largo periodo de tiempo. Contrario a lo que pensé, el taxista ubicó las llaves como un puente de batería a batería durante aproximadamente un segundo y solo vi una chispa ¡una chispa! En ese instante el carro se prendió.
 
Al recordar este episodio pensaba que en algunos momentos conocemos personas que nos transmiten, desde sus recursos, “chispa”. Por ahora solo quiero intentar nombrar esa sensación de iniciar, de vibrar y que te mueve a hacer, a aprender, a reflexionar, a cuestionar. Creo que este tipo de “chispa humana” no se enseña ni tampoco hay un manual de instrucciones. Si no que pasa de persona a persona desde la conexión que se logra, desde la atención latente al otro, desde la escucha, desde la presencia. Esos momentos diría que son “chispas de vida” que te mueven, que te prenden. Estos momentos nos hablan de una fuerza que nos sostienen y que nos abrazan cuando nos sentimos sin batería.

¿Qué momentos de "chispa" recuerdas? En mi caso,  un día escuché hablar a una amiga y contemplé su forma de abordar la conversación. Todos los presentes teniamos un espacio y nuestras narrativas se hilaban con emocionalidades y ritmos diversos. Pero ese espacio, en el que cada uno hablaba era como una "chispita mariposa" que prendía la receptividad de las personas. Era "una mirada", "una palabra", "unos cuantos silencios", "un gesto". Era un momento en el que construiamos una hoguera en la que se sentía una sabana de calidez.

viernes, 17 de junio de 2022

Huevos revueltos

Una amiga me comentó que había descubierto que los huevos revueltos de forma desorganizada sabían muy bien. Sé que algunos recordaran una clásica película de una famosa actriz, pero de esto no les voy a hablar -aunque cae muy bien descubrir cómo te gusta comer los huevos o incluso si no te gustan-. Bueno, les seguiré contando un poco de los huevos revueltos. Resulta que mi amiga continuo diciendo que siempre había comido huevos de forma organizada. Fritos y preparados de forma perfecta, redonda, la yema en su punto. Estoy segura que se vienen ideas a nuestra mente como: hay muchas formas de preparar los huevos ¿no? El caso es que me sorprendí por la referencia a preparar los huevos de forma desorganizada (y les cuento que no es solo batir los huevos).

Pensé en todos los momentos en que la vida misma parece desorganizarse y esta situación nos puede caer/saber de diferentes formas. Por ejemplo, algunos hacemos constantes piruetas, con pájaros de desconsuelo en nuestra cabeza, para intentar contener las partículas de lo que sea que puede desbarajustar la cotidianidad. Creo que es algo así como cuando vamos a arreglar rápido nuestra habitación, tenemos ropa por todos lados y entonces, la ponemos, como sea, en los maravillosos armarios (solo no te atrevas a mirar o abrir la puerta).  

También pensé la experiencia de arreglar la habitación. A mitad del proceso veo que he movido todo de lugar, que los objetos están puestos en un zig zag en los que es difícil caminar. Estoy en la tarea de limpiar el polvo y remover todo. Una mesa está por aquí, la otra mesa está por allá, el sofá movido de su sitio, libros en el piso, un poco de basura, entre otras cosas. Incluso he encontrado objetos que daba por perdidos, algunos traen unas cuantas sonrisas y otro unas cuantas tristezas. Hay un momento en que todo está desorganizado y unas horas más tarde hay un aparente orden que me hace sentir acogida y en calma.

Más allá de las anécdotas de descubrir sabores al preparar de forma diferente un par de huevos o lo que implica la vida práctica de organizar el espacio en el que vives, no dejaba de pensar en la turbación presente en nuestra cotidianidad. ¿Qué hacemos con esto? Esta ahí, inevitablemente. 

Así pues, estos episodios me invitaron a pensar en el desorden que nos acompaña. Siento que tal vez esta alteración es una forma en la que las partículas del mundo biológico y social dan un brinco y hacen su rutina de estiramientos (la cual es muy recomendada por cierto). El punto, es que mientras descienden, puede que sintamos un sabor de vida, un sabor que a veces nos gusta y en ocasiones, pareciera que nos desagrada o incluso que nos trae un desazón en el paladar. Estos momentos de aparente caos, en el que nos sentimos vulnerables, tal vez son una pausa, una forma de movernos. Movernos en zig zag, topándonos con el desbarajuste, lo imprevisto. Momentos en los que nos encontramos con las "cosas" por tirar, por regalar o por guardar. 

sábado, 7 de mayo de 2022

Sobre escribir y acompañar

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Conocí a un escritor en la época del WhatsApp. Su escritura es reflexiva, combativa con su cotidianidad y consigo mismo. Sus textos atesoran tormentas y náufragos. Sus palabras transmiten gotas de fuerza creadora, de constantes preguntas y un sentido de belleza que me lleva a un territorio en el que las palabras me invitan a un viaje y a un retorno de recuerdos y de visiones de otros estados de mundo.

En algunas conversaciones por el chat sentí tristeza. Cada comentario era una referencia a sí mismo, a un “estar” y no “estar”. A un deseo de ser y la auto imposición de un deber que lo abruma. “Quiero ser escritor, pero heme aquí”. En esos momentos quería decirle: Escribe y escribe. Solo escribe. No importa el trabajo, no importa el pasado, no importa el futuro. Solo escribe. 

En sus textos, en sus palabras. Vi una persona. Vi muchas personas que tal vez son los mejores escritores y escritoras del mundo. Pero no escriben. Me pregunto ¿Qué lugar tenemos en sus vidas? Aunque tenemos ideas enraizadas del viaje en solitario o atormentado de los artistas. Creo que podemos dar lugar a sus voces y a construir narrativas en las que los acompañemos en sus travesías desde posiciones más amistosas. Creo que si una persona quiere escribir y, vemos en ella la magia y la intuición de las palabras para nombrar y ejercer un poder sobre el mundo. Nosotros, los lectores, los seres queridos y cercanos tenemos un rol.

Creo que podemos ser "hacedores de magia". De una magia para acoger a las personas que escriben, una magia para sentirnos cómplices de sus relatos y reflexiones, para sentirnos en comunión. Esta magia es una manera de encontrar un equilibrio entre el desconcierto gris que en ocasiones rodea nuestras vidas, el extravío del mundo atroz en el que a veces vivimos. En esos tiempos en los que nos sentimos huérfanos necesitamos de la presencia, una presencia viva para la creación.

Cuando las personas que quieren escribir no lo hacen. Creo que no son solo las personas, también toman partido las condiciones del contexto, de las familias y en ocasiones, de experiencias que han dejado unos fractales que son difíciles de remover. Fractales que  invaden cotidianamente los sentimientos de carencia. De que falta. De que no se es suficiente. Tenemos la creencia de que el sacrificio llevará a una recompensa y que se necesita de una lista de deseos cumplidos para tener el espacio y el tiempo para escribir. 

Al terminar esta reflexión me preguntaba ¿En qué medida el deseo de escribir nos hace presos de un no hacer? De un soñar que necesitamos otro trabajo, otro ambiente, otro estilo de vida, otras relaciones, otras circunstancias. Entonces, a las personas que conozco y que veo el fuego de la fuerza creadora de la escritura, les seguiré invitando a momentos de conversación, momentos para compartir, porque creo que podemos tener un lugar en sus vidas y podemos motivarlos. No hay otro tiempo, ni otro lugar. Día tras día es un buen día para escribir. 


Momentos Déjà vu

pixabay Al iniciar un nuevo año se genera la sensación de que es un nuevo ciclo. Las festividades dan la sensación de renovación. Quizá porq...