Día tras día es un buen día...
sábado, 6 de enero de 2024
Momentos Déjà vu
lunes, 19 de junio de 2023
Vivir con ruido
Hace un tiempo cambié
de residencia. En esta transición, un día sentí ruido del ambiente cerca al tímpano
de mis oídos. Ese día no podía hacer otra cosa que escuchar sonidos discordantes.
Era apabullante el paso de los carros, las motos… “vibraciones cotidianas de una
ciudad”. Me pregunté cómo había vivido los otros días de mi vida. Pregunté a
algunas personas si podían escuchar el ruido. Ellas me decían que siempre había
estado, que “era normal” y me lanzaban unas cuantas sonrisas de que estaba
exagerando un poco.
Sin duda el ruido
siempre ha estado, pero ese día tuve un cambio de percepción. Ese día intenté
hacer muchas cosas para dejar de sentirlo. Revisar las ventanas de mi apartamento
y comprar algunos objetos que ayudan a contenerlo y disiparlo. Gradualmente
logré una adaptación sensorial. Pero la experiencia de esa tarde ha quedado
calada en mi memoria con preguntas sobre la costumbre de vivir con ruido.
Si bien ese ruido
sensorial es cotidiano, no es el único ruido que nos acompaña ¿Qué tipo de
ruidos nos habitan? ¡Hay tanto ruido que consume la vida! Por ejemplo, puede ser
un recordatorio de que no hemos estado firme con nuestros propósitos, una especie
de silbido de la huida de nosotros mismos a través de ideas y tareas de los
demás. Vienen de afuera y nos eclipsan. También nos puede generar una especie
de aturdimiento en el que la mayoría de las personas ya están habituadas.
La experiencia de
darnos cuenta del ruido puede ser electrizante. Puede dejarnos un tiempo con
una alta hipersensibilidad. Es tal, que quizá solo vamos a querer hablar del
ruido. Percibir ruido de esta magnitud puede ser lo que Vivian Gornick ha
mencionado como “sentirnos escindidos por dentro”. Esta división nos puede
paralizar, pero también nos puede estar llamando a actuar más consciente y
deliberadamente. Siguiendo las ideas de Gornick puede ser una supernova de sueños,
de la necesidad de la fuerza interior. Algo así como una invitación sensorial
para vivir para nosotros.
lunes, 10 de abril de 2023
Gente que corre
viernes, 9 de diciembre de 2022
Palabra bonita
domingo, 9 de octubre de 2022
Momentos alcachofa
domingo, 14 de agosto de 2022
La lleva
Me imaginaba el día a día de camino al trabajo en el que por el azar de las circunstancias he tenido algún disgusto. Alguien me choca, alguien me dice algo que me incomoda. Entonces, me ha pegado "la lleva" y sigo el camino. Ahora soy la que choca.
También hay otro tipo de "llevas". Aquellas en la que sientes que has tenido un buen día. Como cuando alguien te saluda de manera amable, dice tu nombre, te pregunta algo, recuerda algo tuyo. Hace una pausa para hablar o comentar algo de forma amistosa.
Tal vez, en algún momento hemos tenido "la lleva". Cada quien puede recordar ese día ¿Nos damos cuenta cuando tenemos "la lleva"? ¿Qué tipo de "lleva" traemos? ¿Cómo nos liberamos de "las llevas" que nos meten en un carril de alta velocidad y en la que damos rebotes constantemente? En esas llevas ojalá podamos liberarnos y decir: ¡uy! no. Ya no juego más.
miércoles, 20 de julio de 2022
Chispas de vida
viernes, 17 de junio de 2022
Huevos revueltos
Una amiga me comentó que había descubierto que los huevos revueltos de forma desorganizada sabían muy bien. Sé que algunos recordaran una clásica película de una famosa actriz, pero de esto no les voy a hablar -aunque cae muy bien descubrir cómo te gusta comer los huevos o incluso si no te gustan-. Bueno, les seguiré contando un poco de los huevos revueltos. Resulta que mi amiga continuo diciendo que siempre había comido huevos de forma organizada. Fritos y preparados de forma perfecta, redonda, la yema en su punto. Estoy segura que se vienen ideas a nuestra mente como: hay muchas formas de preparar los huevos ¿no? El caso es que me sorprendí por la referencia a preparar los huevos de forma desorganizada (y les cuento que no es solo batir los huevos).
Pensé en todos los momentos en que la vida misma parece desorganizarse y esta situación nos puede caer/saber de diferentes formas. Por ejemplo, algunos hacemos constantes piruetas, con pájaros de desconsuelo en nuestra cabeza, para intentar contener las partículas de lo que sea que puede desbarajustar la cotidianidad. Creo que es algo así como cuando vamos a arreglar rápido nuestra habitación, tenemos ropa por todos lados y entonces, la ponemos, como sea, en los maravillosos armarios (solo no te atrevas a mirar o abrir la puerta).
También pensé la experiencia de arreglar la habitación. A mitad del proceso veo que he movido todo de lugar, que los objetos están puestos en un zig zag en los que es difícil caminar. Estoy en la tarea de limpiar el polvo y remover todo. Una mesa está por aquí, la otra mesa está por allá, el sofá movido de su sitio, libros en el piso, un poco de basura, entre otras cosas. Incluso he encontrado objetos que daba por perdidos, algunos traen unas cuantas sonrisas y otro unas cuantas tristezas. Hay un momento en que todo está desorganizado y unas horas más tarde hay un aparente orden que me hace sentir acogida y en calma.
Más allá de las anécdotas de descubrir sabores al preparar de forma diferente un par de huevos o lo que implica la vida práctica de organizar el espacio en el que vives, no dejaba de pensar en la turbación presente en nuestra cotidianidad. ¿Qué hacemos con esto? Esta ahí, inevitablemente.
Así pues, estos episodios me invitaron a pensar en el desorden que nos acompaña. Siento que tal vez esta alteración es una forma en la que las partículas del mundo biológico y social dan un brinco y hacen su rutina de estiramientos (la cual es muy recomendada por cierto). El punto, es que mientras descienden, puede que sintamos un sabor de vida, un sabor que a veces nos gusta y en ocasiones, pareciera que nos desagrada o incluso que nos trae un desazón en el paladar. Estos momentos de aparente caos, en el que nos sentimos vulnerables, tal vez son una pausa, una forma de movernos. Movernos en zig zag, topándonos con el desbarajuste, lo imprevisto. Momentos en los que nos encontramos con las "cosas" por tirar, por regalar o por guardar.
sábado, 7 de mayo de 2022
Sobre escribir y acompañar
Conocí a un escritor en la época del WhatsApp. Su escritura es reflexiva, combativa con su cotidianidad y consigo mismo. Sus textos atesoran tormentas y náufragos. Sus palabras transmiten gotas de fuerza creadora, de constantes preguntas y un sentido de belleza que me lleva a un territorio en el que las palabras me invitan a un viaje y a un retorno de recuerdos y de visiones de otros estados de mundo.
En algunas conversaciones por el chat sentí tristeza. Cada comentario era una referencia a sí mismo, a un “estar” y no “estar”. A un deseo de ser y la auto imposición de un deber que lo abruma. “Quiero ser escritor, pero heme aquí”. En esos momentos quería decirle: Escribe y escribe. Solo escribe. No importa el trabajo, no importa el pasado, no importa el futuro. Solo escribe.
En
sus textos, en sus palabras. Vi una persona. Vi muchas personas que tal vez son
los mejores escritores y escritoras del mundo. Pero no escriben. Me pregunto ¿Qué lugar
tenemos en sus vidas? Aunque tenemos ideas enraizadas del viaje en solitario
o atormentado de los artistas. Creo que podemos dar lugar a sus voces y a
construir narrativas en las que los acompañemos en sus travesías desde
posiciones más amistosas. Creo que si una
persona quiere escribir y, vemos en ella la magia y la intuición de las
palabras para nombrar y ejercer un poder sobre el mundo. Nosotros, los
lectores, los seres queridos y cercanos tenemos un rol.
Creo
que podemos ser "hacedores de magia". De una magia para acoger a las
personas que escriben, una magia para sentirnos cómplices de sus relatos y
reflexiones, para sentirnos en comunión. Esta magia es una manera de encontrar
un equilibrio entre el desconcierto gris que en ocasiones rodea nuestras vidas,
el extravío del mundo atroz en el que a veces vivimos. En esos tiempos en los
que nos sentimos huérfanos necesitamos de la presencia, una presencia viva para
la creación.
Cuando las personas que quieren escribir no lo hacen. Creo que no son solo las personas, también toman partido las condiciones del contexto, de las familias y en ocasiones, de experiencias que han dejado unos fractales que son difíciles de remover. Fractales que invaden cotidianamente los sentimientos de carencia. De que falta. De que no se es suficiente. Tenemos la creencia de que el sacrificio llevará a una recompensa y que se necesita de una lista de deseos cumplidos para tener el espacio y el tiempo para escribir.
Al terminar esta reflexión me preguntaba ¿En qué medida el deseo de
escribir nos hace presos de un no hacer? De un soñar que necesitamos otro
trabajo, otro ambiente, otro estilo de vida, otras relaciones, otras
circunstancias. Entonces, a las personas que conozco y que veo el fuego de
la fuerza creadora de la escritura, les seguiré invitando a momentos de conversación, momentos para compartir, porque creo que podemos tener un lugar en sus vidas y podemos motivarlos. No hay otro tiempo, ni
otro lugar. Día tras día es un buen día para
escribir.
Momentos Déjà vu
pixabay Al iniciar un nuevo año se genera la sensación de que es un nuevo ciclo. Las festividades dan la sensación de renovación. Quizá porq...
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Al recorrer una librería encontré un libro que se llama La palabra bonita . Ese titulo ha quedado resonando. A veces con preguntas ¿Qué es u...




