El punto de comer alcachofa es llegar a su corazón. También quitar cada una de sus hojas y saborear sus puntas con aceite de oliva, sal y limón. En ocasiones pienso que dar sentido a las experiencias es como consumir esta planta. Vas quitando capas y capas, de aquellas hojas en forma de escamas. Pero no es solo quitar. También se requiere deleitar, contemplar, reflexionar. Acompañar la experiencia con una buena dosis de conversaciones en la que estamos dispuestos a mirar desde otros ángulos nuestros relatos.
En la suma de conversaciones se presentan realidades ignoradas, se avivan los contrastes, se acentúan los sabores de la vida. Cada conversación que te permite explorar tus recuerdos, evocar palabras y preguntas es como el momento en que quitas hoja por hoja de la alcachofa. No sé cuantas hojas tengan nuestras penas, aventuras o tensiones. Pero pensar en momentos alcachofa me hace pensar que puedo llegar al centro de algo, al corazón de algo que enriquece, que complejiza y le da un toque amoroso a la existencia.
El modo en que relatamos y traemos nuestros recuerdos a través de la palabra nos puede envolver con una incisiva y lucida visión. La alcachofa se acaba pero al llegar a su corazón creo que seguirá obrando la vibración de las palabras, que desde la intimidad nos ha despertado. Esta ardua tarea de darnos el espacio para quitar y comer hoja por hoja de las capas de las situaciones que nos inquietan, nos abre desde sus rupturas puertas para la "evocación".

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