Al recorrer una librería encontré un libro que se llama La palabra bonita. Ese titulo ha quedado resonando. A veces con preguntas ¿Qué es una palabra bonita? ¿Qué palabras son bonitas para mí? En otras ocasiones recorro laberintos mentales con reflexiones sobre el adjetivo. En particular, sobre la facilidad en la que se cuela en nuestros discursos y hasta la sensación de que es mejor no usarlo por ser un lugar común.
Lo que creo ahora es que ese título me habla del cuidado y de una estética en el que el lenguaje nos nutre con suavidad, ingenio y valentía. Imaginé todas las cosas que quería acompañar con el adjetivo "bonito" y "bonita". De todas los vocablos y asociaciones que flotaron, me quedé cautivada con querer bonito.
Querer bonito me empapó de cierto entusiasmo en el que se unían otros estados como amar y aceptar. También aparecían palabras como voluntad y determinación. Así, "bonito" me lleva al espíritu del "querer". Allí encuentro la sensación de una piel sensible que conversa sobre el cuidado, la ternura y del lugar de la compañía que apacigua el agitado camino de la vida.
Siendo así, quiero tener presente este adjetivo que me transporta a lo que está velado y presente. Al vacío del sentido y a la posibilidad de recuperarlo. Espero encontrar palabras, experiencias y disposiciones para acompañarlas de manera "bonita". Estoy atenta a sus propuestas de combinaciones.
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